Es conocido el apego de una gran parte de los estadounidenses por las armas. Ese amor a la libertad armada no es una apetencia excéntrica de unos cuantos, sino que, como también se sabe, la Segunda Enmienda de su Constitución ampara y recoge ese derecho. Aunque este derecho tiene un razonamiento histórico y sociológico (recuerdo que en el instituto, al hablarnos sobre la Guerra Civil española, se hacía referencia a cuánto habían tardado las legítimas autoridades republicanas en armar a sus ciudadanos, las milicias, para hacer frente a la sublevación, y cómo eso había favorecido a los golpistas; o la actitud contraria (“paternal”) de Salvador Allende a facilitar armas al pueblo durante el Golpe de Pinochet, para evitar una masacre quizás mayor), digo que, aunque esa libertad armada tiene una, o varias, explicaciones más o menos congruentes con la protección de la legitimidad política o la defensa personal, no deja de ser cierto que en las coordenadas del mundo moderno, parece que el principal baluarte de ese espíritu armado estriba más en los intereses creados, económicos, en torno a las empresas armamentísticas, que en torno a una plausible defensa del Estado Libre a través de milicias bien ordenadas y pertrechadas.

Liberator, la pistola casera para impresoras 3D

El debate en Estados Unidos sobre la adquisición y posesión de armas se aviva cada poco, pues la facilidad con que se puede acceder a una pistola, un rifle u otras armas hace que, con relativa frecuencia, un espontáneo irrumpa en un colegio o donde fuere y se líe a tiros con los concurrentes. Valga, como paradigma, la tristemente conocida masacre del Instituto Columbine que el cineasta Michael Moore cifró en su Bowling for Columbine.

Ahora, la última discordia que nos llega en torno a este problema no deriva directamente de ninguna masacre o conato de ella, sino del diseño que Cody Wilson, un tejano de 25 años, ha desarrollado para poder fabricar una pistola a través de las nuevas impresoras 3D. Este chico ha colgado los planos de construcción en Internet, y la noticia se ha hecho eco en el resto del mundo. Liberator ha sido el nombre que le ha dado a su artefacto: una pistola que parece de juguete, casi toda ella de plástico, pero efectiva y mortal como cualquiera.

Resulta macabro y tendencioso que se bautice con el marbete “Liberador” un artilugio que tiene en su naturaleza más de condena (para el muerto y, claro, para el asesino), que de garante de las libertades políticas, sociales o personales.  ||| Fuente.